12 de abril de 2008

No temamos al futuro...

Escucho a diario los desprecios con que algunos profesores se refieren a las nuevas tecnologías. No se dan cuenta que con dichas actitudes reflejan la falta de motivación por adquirir nuevos conocimientos. Lo peor es que los alumnos son testigos de ese negativismo y en vez de encontrar en las instituciones educativas un ambiente de renovación intelectual que los prepare para los retos reales del futuro, se tropiezan con profesores estancados en el pasado. Como resultado, muchos alumnos sienten que los altos precios de sus clases son una estafa. En otras palabras, algunas escuelas se han convertido en tiendas que venden credenciales académicas que no sirven para nada. Por eso no debe extrañarnos la cantidad de titulados que terminan en trabajos para los que se requiere una preparación inferior y son mal remunerados. Hoy el diario español El País publica una nota excelente sobre el tema. Hay quienes argumentan que la tecnología está erosionando a los lenguajes, volviéndonos dependiente de máquinas y reduciendo la capacidad de razonamiento. ¡No es cierto! Por el contrario, la tecnología obliga a saber investigar, a descubrir los términos apropiados de búsqueda y a discernir entre toda la información encontrada cuál es la más válida. Las máquinas pueden almacenar millones de páginas con toda clase de contenido, pero somos nosotros los que finalmente debemos contar con los conocimientos que nos permitan diferenciarlas. En cuanto a los lenguajes... ¿a qué le tememos? Aún si con el tiempo se infestaran de neologismos y terminaran reducidos a simples imprecaciones, anagramas y acrónimos, no podemos olvidarnos que la comunicación de la humanidad comenzó por señas. Quizás terminemos de la misma manera, pero lo importante es, en resumidas cuentas, transmitir nuestras ideas y sentimientos. Los libros son pilares del conocimiento, pero en la medida que la población se multiplica y el medio ambiente se destruye, se buscan alternativas que eliminen la necesidad de podar nuestros árboles para la elaboración del papel. Las nuevas tabletas digitales de lectura permiten almacenar una biblioteca completa en la palma de la mano, acceder al diccionario con solo golpear una palabra, traducir el texto a cualquier idioma, magnificar el tamaño de letra, enviarle una cita sobresaliente a un amigo, contestar una llamada telefónica y hasta escribir anotaciones tal como lo hacíamos en los márgenes de las páginas.
No le temamos al futuro. Los educadores tenemos la responsabilidad de educarnos para educar y el dominio de la tecnología es quizás lo prioritario que debamos inculcarnos para podérselo transmitir a nuestros alumnos. De lo contrario, continuaremos egresando generaciones de graduados semianalfabetos y semifuncionales.

10 de abril de 2008

Un mundo, un sueño...

Nadie sabe a ciencia cierta que hacían en Olimpia en el año 776 a.C. Quizás era tanto el aburrimiento que, al no poder leer ni siquiera un blog, se inventaron una forma de divertirse con el pretexto de alabar a los dioses, en especial a Zeus, que dicho sea de paso tenía fama de mujeriego y hasta de pederasta. Pero bueno, dejemos esa historia para los investigadores o los chismosos. Lo que sabemos en realidad es que un tal adinerado aristócrata francés llamado Pierre de Frédy, Barón de Coubertín, se le ocurrió revivir la tradición griega de reunir a deportistas y competir. Como dice el viejo refrán que “De buenas intensiones está lleno el infierno”, un montón de años más tarde y un mundo acaparado por un puñado de corporaciones multimillonarias, han hecho de las olimpiadas una competencia publicitaria muy sustanciosa. El próximo verano el país anfitrión será China, quién con el simbólico lema de “Un mundo, un sueño”, saldrá a la palestra del mundo para mostrarle su recién estrenado “capicomunismo”. No entiendo bien el significado de dicho neologismo, pero leí hace tiempo que las corporaciones estaban muy felices de hacer negocios con el Politburó comunista chino que les aseguraba una masa obrera obediente. ¡Vaya contradicción! Los Estados Unidos, paladín de la democracia, en concubinato con los ideólogos de Mao... bueno, en resumidas cuentas ambos son los dueños de grandes monopolios, quizás de ahí salió la inspiración del lema de estas olimpiadas.
Desgraciadamente para los chinos, la gente apoya a los ciudadanos del Tibet, especialmente desde que varias celebridades de Hollywood hicieron “cool” la moda de la meditación y el uso de las pulseritas de oraciones. Así que estas olimpiadas han despuntado mal, con miles de personas protestando por el maltrato chino a los budistas tibetanos. Ahora nos queda esperar a que Estados Unidos, tan fuerte defensor de la libertad de culto y expresión, fuerce a sus mejores socios comerciales a mejorar la imagen pública para que no se afecten los intereses y las inversiones de las grandes empresas, las que serán los verdaderos competidores en acaparar la atención de los pobres espectadores. Mientras tanto nosotros seguiremos entretenidos, como siempre, con un poco de pan y mucho circo.

9 de abril de 2008

Allí fumé...

Hay frases que trascienden generaciones. En realidad uno no sabe bien cuándo se originaron, por qué, ni su verdadero significado. Es más, estoy seguro que en varias culturas cambian de connotación. Por eso me refiero a “Allí fumé” como metáfora del lenguaje popular cubano para expresar la idea de, “aquél tiene la culpa”. Cuando hay un gran problema y alguien pregunta quién es el culpable, uno estira inmediatamente el índice y señala lo que se le ocurra al unísono de dicha frase. Ahora que se ha formado la debacle de la economía norteamericana, todo el mundo se apresta a buscar un culpable. Por eso entre las notas más relevantes de periódicos digitales como Vanguardia, de Coahuila, México; El País, de España; Economía y Negocios, de El Mercurio de Chile; y Reuters de América Latina, entre otros, aparece la de Alan Greenspan echándole la culpa a alguien: “El núcleo del problema ‘sub-prime’ yace en los errores de juicio de la comunidad de inversión". Ah caramba, eso me suena a la frase ¡allí fumé! Lo irrisorio del frío análisis de estos eminentes economistas, es que se olvidan de los factores sociales que dieron lugar a la cochambre.
Hace años que han ido desapareciendo los trabajos altamente remunerados de manufactura que mantenían a miles en la clase media. Sin muchas alternativas, salvo la de encadenar dos o tres empleos para compensar los salarios perdidos, o la miserable cuota de desempleo de unas cuantas semanas, muchos norteamericanos vieron en la especulación con los bienes raíces la posibilidad de inventarse una entrada monetaria decorosa.
¿Por qué no invirtieron en la bolsa? Bueno mi querido Greenspan, el ciudadano promedio no puede sentarse a esperar que sus reducidos ahorros o los créditos de altos intereses le produzcan usufructos en los próximos veinte años. Uno tiene que comer, ¿sabe?, y proveerle a la familia.
La crisis inmobiliaria es la punta de un iceberg. El pueblo no sabe ya a dónde recurrir y recién comienza a comprender que el cacareado sueño americano se le está convirtiendo en pesadilla. Quizás lo más inteligente en este tiempo sea ir aprendiendo a hablar el mandarín, por si acaso en un futuro tengamos que salir corriendo hacia la China en busca de empleos para “ilegales”.

8 de abril de 2008

Buenas noticias...

Me avergüenzo que, cuando me dispongo a comentar alguna noticia para compartirla con mis lectores, descubro que casi siempre termino hablando de calamidades. ¿Acaso el periodismo vive de las malas noticias? Quizás a la gente le importe poco enterarse de los sucesos buenos. Se nos ha desarrollado una especie de morbosidad por la historia sensacionalista, de sangre, el accidente espectacular, la debacle financiera, el político corrupto (disculpen el eufemismo), los robos heroicos, la destrucción de fenómenos naturales, y cualquier otra desgracia que nos... ¿Entretenga? Porque utilizar los términos, “eduque” o “informe” están un poco fuera de moda. La gente quiere entretenimiento, puro y simple, que no obligue a pensar demasiado ni tampoco nos ablande. Quizás de ahí venga la popularidad de los blogs, ya que uno se da el lujo de seleccionar el que hable de aquello que le guste. Así encontramos una miríada de ellos. Lo que me causa mucha tristeza es cuando encuentro un blog abandonado. Pienso en la alegría de su creador el día que compartió una idea, un sueño, un consejo... y luego se apagó su voz para perderse nuevamente en el anonimato de la inmensidad del mundo.
A pesar que me propuse compartir con ustedes una buena noticia, presiento que, irremediablemente, el fatalismo me acecha. Entonces les sugiero que apaguen la televisión, tiren el periódico a la basura, salgan inmediatamente de este blog, y a la primera persona que se les ponga delante denle un buen apretón de manos y pónganse a conversar. Es posible que hoy sea el comienzo de una linda amistad. ¡Y ésa sí sería una buena noticia!
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6 de abril de 2008

No tengo ganas de escribir...

De veras que uno se cansa. Me pasé toda la noche escribiendo un ensayo sobre los modismos en el lenguaje, así que cuando desperté esta mañana sentí que se me había congelado el cerebro. Nada, ni una simple idea, fugaz rememoración, o insano pensamiento que motivara a comunicarme por medio de la escritura. ¡Qué vergüenza! ¡Con tanto que comentar! La economía del mundo se está derrumbando gracias a la voracidad corporativa. Para nadie es un secreto que la educación está cada día peor y los niveles de analfabetismo funcional son alarmantes. Seguimos despilfarrando los recursos del mundo al punto en que la vida será insostenible. Nos matamos los unos a los otros en nombre de Dios, de la democracia, del dinero y hasta de la misma paz. Todavía hay muchos pueblos que no conocen ni la ínfima comodidad de la que hace años disfrutamos algunos. La palabra discriminación es un eufemismo que agrupa el sufrimiento de millones, sobre todo esos vulnerables: los “diferentes”, pobres, mujeres, niños, ancianos, desvalidos; los que sirven de referencias a los exaltados discursos políticos que motivan a las grandes masas. La gente se atraganta y engorda con comida chatarra y luego se enferma y atraganta de medicamentos costosísimos y más tarde muere por falta de atención médica. ¡Un negocio redondo! Se controla al pueblo contento con la barriga llena; luego se le saca hasta el último centavo con el pretexto de mantenerlo vivo, y al final nos deshacemos rápidamente de los más desafortunados.
Confieso que cuando abrí los ojos por primera vez y contemplé alrededor la vida, nunca imaginé que mi existencia transcurriría rodeada de tanto cinismo. Pero lo que realmente me aterra es que el día que me marche, alguien o algo me obligue a regresar, aunque sea inerte e incrustado en una minúscula partícula cósmica.